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El contexto histórico

En respuesta a la invasión de Polonia por las tropas hitlerianas, Inglaterra y posteriormente Francia, declaran la guerra a Alemania el 3 de septiembre de 1939. Se produce entonces una "drôle de guerre" ("guerra boba") a la que pone fin la ofensiva alemana hacia el oeste del 10 de mayo de 1940. Quince días más tarde, Bélgica capitula y, el 6 de junio, las líneas de defensa franco-británicas son traspasadas. El 14 de junio, las fuerzas del Reich entran en París

El 16 de junio de 1940, dimite el presidente del Consejo, Paul Reynaud y es sustituido por el mariscal Pétain. Ese mismo día, el General de Gaulle, sub-secretario de Estado de la Defensa Nacional y en la guerra desde el 5 de junio, decide partir a Inglaterra.

Únicamente acompañado por su ayuda de campo, Geoffroy de Courcel, Charles de Gaulle llega a Londres en la mañana del 17 de junio. "Ante el vacío espantoso de la renuncia general, sentí que debía responsabilizarme yo mismo de Francia" escribirá más tarde aquél cuya voluntad de asumir la responsabilidad de Francia propició la unidad de la Resistencia desde Koenig y Leclerc hasta Jean Moulin y Brossolette.

Francia ha sufrido un desastre militar sin precedentes y, el 18 de junio de 1940, concurren todas las condiciones para que los Franceses se crean víctimas de una derrota irremediable: el ejército derrotado, el territorio invadido, las instituciones de la República a punto de estallar, las riquezas naturales destruidas, cientos de miles de prisioneros en manos del enemigo.

En la tibia primavera de 1940, las carreteras de Francia se encuentran atestadas, en un caos indescriptible, por un quinto de la población francesa que huye del avance alemán. Es una nación que se hunde con sus ejércitos y su parlamento, sus tradiciones y sus grandes hombres.

Éste es el balance de una catástrofe sin precedentes en la historia nacional. Para muchos, es también la hora amarga de la tentación del repliegue sobre sí mismo, para otros, cuyo poder había nacido con la propia derrota, es la hora de ganarse los favores del vencedor.

Sin embargo, es en este momento cuando se alza la voz solitaria del General de Gaulle, mostrando a los Franceses la promesa de posibilidades aún intactas, animándoles a seguir en la batalla por la Libertad.

Sin embargo, todo está por hacer, como dice de Gaulle en sus Memorias de Guerra: "En cuanto a mí, que pretendía trepar por tal pendiente, yo no era nada, al principio. A mi lado no existían ni la sombra de una fuerza, ni de una organización. En Francia, no tenía ni interlocutor ni notoriedad. En el extranjero, no tenía crédito ni legitimidad. Pero esta carencia de todo era lo que me trazaba mi propia línea de conducta."

El llamamiento del 18 de junio, cuyo objetivo era conseguir la unión de todos los valores y las energías francesas de las que él era portador, anuncia la creación de la Orden de la Liberación.

Es un grito de fe en el porvenir, que brota desde las profundidades del alma de Francia para formar una élite cuya misión era liberar al territorio "en el honor y por la victoria."

La adhesión de la mayor parte del África Ecuatorial Francesa y de Camerún a finales de agosto de 1940, el fracaso en Dákar en el mes siguiente y la reanudación de los combates para conquistar Gabón, llevan al jefe de la Francia libre a considerar la creación de una nueva condecoración, una recompensa especial a los que han trabajado de alguna forma notable en la liberación de Francia y del Imperio Francés.

Si desea más información:

Cronología de Francia de 1940 a 1945

 

Última actualización: 3 de abril de 2007
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