Orden de la Liberacíon Menu
El llamamiento del 18 de junio de 1940

El llamamiento del 18 de junio de 1940

Subsecretario de Estado de Defensa nacional y de la Guerra desde el 5 de junio de 1940, el General de Gaulle, tras conocer la dimisión del Presidente del Consejo, Paul Reynaud, el 16 de junio, decide partir "por la mañana" hacia Inglaterra para proseguir la lucha.

El General de Gaulle, acompañado únicamente por su ayudante de campo, el Teniente Geoffroy de Courcel, llega a Londres en la madrugada del 17 de junio de 1940. Instalado provisionalmente en el 7-8, Seymour Grove, redacta el texto del Llamamiento que pronuncia al día siguiente, el 18 de junio de 1940, a las 20 horas, por las ondas de la B.B.C. En sus Memorias de Guerra el General expone las circunstancias que rodearon el Llamamiento.

"Lo primero que debía hacerse era izar los colores. La radio se ofreció a ello. La tarde del 17 de junio, expuse mis intenciones al Sr. Winston Churchill. Náufrago de la desolación en las costas de Inglaterra, ¿qué hubiese podido hacer sin su ayuda? Me la prestó desde el principio y, para empezar, puso la B.B.C. a mi disposición. Convinimos que podía utilizarla hasta que el Gobierno Pétain pidiese el armisticio. Justamente, esa misma noche supimos que ya lo había hecho. Al día siguiente, a las 18 horas, leí ante el micrófono el texto que ya conocemos".


El General de Gaulle en la BBC

DISCURSO PRONUNCIADO EN LA RADIO DE LONDRES EL 18 DE JUNIO DE 1940

"Los líderes que, desde hace tantos años están al frente de las Fuerzas Armadas francesas, han formado un gobierno. Este gobierno, alegando la derrota de nuestro Ejército, ha entablado conversaciones con el enemigo para cesar el combate. Es cierto, hemos sido y estamos siendo sometidos por la fuerza mecánica, terrestre y aérea, del enemigo. Mucho más que su número, son los carros, los aviones, la táctica de los alemanes lo que nos ha hecho recular. Son los carros, los aviones, la táctica de los alemanes lo que ha sorprendido a nuestros líderes hasta llevarles a la situación en la que se encuentran hoy. ¿Pero ya se ha dicho la última palabra? ¿Hay que perder la esperanza? ¿Es definitiva la derrota? ¡No! Creedme, yo que os hablo con conocimiento de causa os digo que nada está perdido para Francia. Los mismos medios que nos han vencido pueden hacer llegar la victoria cualquier día. ¡Porque Francia no está sola! ¡No está sola! ¡No está sola! Tiene un vasto Imperio que la apoya. Puede unirse con el Imperio británico que todavía resiste y continúa la lucha. Puede, al igual que hace Inglaterra, utilizar sin límites la inmensa industria de los Estados Unidos. Esta guerra no se limita al desdichado territorio de nuestro país. Esta guerra no está circunscrita a la batalla de Francia. Esta guerra es una guerra mundial. Todos los errores, todos los retrasos, todo el sufrimiento no impiden que en el universo existan todos los medios necesarios para aplastar algún día a nuestros enemigos. Azotados hoy por la fuerza mecánica, en el futuro podremos vencer con una fuerza mecánica superior. El destino del mundo depende de ello. Yo, General de Gaulle, actualmente en Londres, invito a los oficiales y soldados franceses que se encuentren en territorio británico o que se dirijan hacia aquí, con sus armas o sin ellas, invito a los ingenieros y a los obreros especialistas de las industrias armamentísticas que se encuentren en territorio británico o que se dirijan hacia aquí, a ponerse en contacto conmigo. Pase lo que pase, la llama de la resistencia francesa no debe apagarse y no se apagará. Mañana, como he hecho hoy, hablaré por la radio londinense."

C. de Gaulle

18 DE JUNIO DE 1940

por el General del Ejército Jean Simon


El 15 de mayo de 1940, en el momento de penetración en Sedan de los panzers de Guderian, el General de Gaulle escribía: "Ante el espectáculo de este pueblo perdido y de esta derrota, me sentí invadido por un furor sin límites... La guerra comienza tremendamente mal. Por lo tanto, tendrá que continuar. Hay espacio en el mundo para ello. Mientras viva, lucharé donde haga falta, tanto como haga falta, hasta que el enemigo sea derrotado y se limpie la mancha nacional. Todo lo que debía hacer a continuación, lo decidí ese día."

La mayoría de las grandes fechas de nuestra historia nos recuerdan que Francia nunca ha conocido un destino fácil, pero pocas de ellas ilustran tan claramente esta verdad como la del 18 de junio de 1940.

Hacía falta una inteligencia de excepción para profetizar el carácter mundial de la guerra y proclamar su fe en la victoria final. Hacía falta una firmeza de ánimo excepcional de un Oficial General del Ejército francés para librarse bruscamente de todas las disciplinas y de todos los hábitos que hasta entonces habían dominado su vida. Con una corta frase el General aludió a su soledad y al drama que supuso para él abandonar el orden establecido para adentrarse en la aventura. "A medida que se elevaban las palabras irrevocables del Llamamiento, yo me adentraba, declaró, en la aventura como un hombre a quien el destino apartaba lejos de todas las categorías."

Jamás, en ningún momento de la Historia, un movimiento para salvar a una nación ha nacido en una atmósfera de emoción y sorpresa más intensas. El 18 de junio, el mérito del General fue singular. Seguramente su llamamiento no hubiese tenido los mismos acentos, ni la misma fuerza de convicción, si no hubiese tenido la certeza de que en realidad venía de las profundidades del país.

Su esperanza fue el eco de un rumor ínfimo, pero constante, el que procedía del corazón de los hombres y mujeres de la vieja tierra de la Francia martirizada. Se erigió en su portavoz elocuente y lúcido. Allí se encuentra también el origen de la fuerza que tuvo que desplegar para perseverar y conseguir enderezar nuestro país.

Si bien es cierto que al principio no éramos muy numerosos, gracias al General siempre hubo en el combate o en la Resistencia lo que se necesitaba de Francia. Los Resistentes y los franceses libres actuaron así por amplia representación, y ese llamamiento se convirtió en la voz de Francia tan pronto como fue recuperada y enderezada.

Y lo que debe recordarse es la calidad singular y la fuerza misteriosa de la relación que se estableció, desde los primeros días, entre el General y los compañeros que habían decidido seguirle.

El General de Gaulle fue seguido por voluntarios por lo que representaba y por lo que era capaz de hacer.

Fue gracias a su honor y su singularidad de haber conseguido tanto apoyándose en hombres y mujeres que, en todo momento, tuvieron el derecho a abandonar pero que no lo hicieron nunca porque simplemente nunca dejó de librar un combate acorde al que ellos mismos habían elegido librar.

La mayoría de nosotros no teníamos la mística del líder, pero comprendimos intuitivamente, sin ninguna prueba de ello, que a través de él era a Francia a quien servíamos.

"Hay que aceptar que puede perderse todo. El riesgo no se divide ." Esta fórmula del General podría haber servido de máxima para los Resistentes y para los franceses libres, puesto que practicaron la moral de las pruebas que les tocó atravesar.

"El 18 de junio fue el día en que, desde la mayor desdicha de Francia, el mayor desespero y el derrumbamiento de todo, se elevó la voz del mayor rechazo, de la mayor esperanza y del mayor ejemplo."

 

General del Ejército Jean SIMON,
Canciller de la Orden de la Liberación.

 

 

 

 

 

Imprimir